lunes, 14 de noviembre de 2011

El viaje de Mark Twain

El pasado viernes fui a actuar por segunda vez a Huelma (Jaén). Francisco Manuel Ruiz, Alcalde de Huelma por IU, al que desde aquí le mando un afectuoso abrazo, está luchando con toda su alma empeñado en llevar actos culturales a su pueblo como crear el I Ciclo de Canción de Autor en el que he participado.

Mi querido Fernando Fedriani, sevillano y bético de pro, tuvo a bien acompañarme en ese extraño viaje y escribir esta magnífica crónica llena de sensaciones y percepciones que le agradezco con todo mi corazón. Y eso que ya me incluyó en su novela histórica sobre el Real Betis Balompié "Menta y Nata" y me regaló el último libro de poemas de Leonard Cohen. Gracias Fernando, mil gracias amigo. Y un beso a Helena por su cariño y sus atenciones también.

Mark Twain decía que no hay forma más segura de saber si amas u odias a alguien que hacer un viaje con él.

Aquí os dejo la crónica que con permiso de Fernando se la quiero dedicar a MIGUEL ÁNGEL y YOLANDA, mis buenos amigos de ÁVILA que han perdido a dos familiares este fin de semana. Os acompaño en estos días de dolor.

"Aunque no sea tu culpa que algo no salga bien, ciertos lugares te muestran que has de cambiar algo para no volver a introducir la pierna en los mismos agujeros. Cuando regreso a los ejes de coordenadas que me hicieron desdichado en otro tiempo, cuando me ato los cordones sobre los mojones sobre los que vomité, y la angustia y las llagas regresan, cuando la escarcha prende los coches a la hora de siempre, y dejo de ver el horizonte, me da por pensar que no estoy donde debo o que camino demasiado despacio.

En ocasiones trazamos rutas, lanzamos los dados y las cuentas salen de más o de menos, como si verdaderamente todo respondiera a un plan opuesto, grotescamente enfrentado al que nosotros financiamos. La estrategia y la táctica, la pasión y el encuentro, la mirada sucia de las tardes de otoño, en que los quicios se ensucian de voz, me devuelven a toda esa retahíla de expresiones gastadas, de paradas de auxilio, de estaciones de servicio donde nadie, a pesar del dinero, puede echarte gasolina.

Pasaron no más de siete horas entre el momento en que conocí a Manuel y el instante en el que se quedó dormido sobre el sofá del piso, dispuesto a recolectar pesadillas. Al dormirnos revivimos todo lo que arrastramos al cenicero del alma, las colillas densas del día, los misterios que aguardan bajo nuestra piel de alumbre. El vaho del sueño arrastra siempre nuestras inseguridades, las certezas que hemos sepultado. Por eso resulta lógico entender que me haya dejado la almohada repleta de esquirlas y de suspiros resecos. Ese día, esas horas, fueron una huida y un pinchazo, la estéril muestra de un don derramado sobre lechos sin simiente.

Huelma aparece en el calendario, pero los caminos que nos llevan a ella, no. El navegador encuentra siempre el camino, pero a veces los caminos se diluyen como líneas de acuarela sobre el mar. De este modo, su guitarra se montó en el maletero y el cuentakilómetros comenzó a dar vueltas. Como las ruedas y como la vida.

Hemos ido a un pueblo diminuto a cantar canciones. Jugué contra Helena a los dardos, mientras Manuel afilaba los bafles. Por fortuna, nada fue bien. Porque a veces, algunas veces, te callas sin dejar huella, estirpe ni secuela. Los minutos previos a un concierto son como quitarle las bragas a una mujer. Los nervios, que siempre nos indican el desajuste en la presión de dos realidades, son el síntoma mayor de que nos importa lo que hacemos. Cinco horas de autobús. El viaje supuso alunizar entre la llanura de sombras, buscando un Trébol, entre luces rojas, con los faros del coche barriendo el paso de badenes y de cunetas, como si verdaderamente la magia consistiera en toser sobre los pedazos de sensibilidad de la gente.

Poco puedo decir del concierto. Cuando Manuel empezó a cantar se me olvidaron las adolescentes que vendían chupitos, la columna que ejercía de barrera del sonido, colapsando de vacío sus mensajes. Tres filas de personas convertían en concierto un universo etílico de vasos vacíos y de lentillas secas. Descendía la voz, dejándolo ronco, como si verdaderamente los gritos fueran acompasados de alma. Ágora y paz, serpiente y asunción, se adueñó de él el espíritu de las plagas, de la penumbra en flor, de los vídeos sin doblar, como las cartas. Sin marcar.

Acabado el concierto, tras la caricia del portón, con la maleta dentro, arranqué el motor y nos fuimos rápido. Dejamos en El Enroque las tapas vacías, las copas llenas, las legañas ocluidas sobre el tercio último del día. Sin voz. Me sentí feliz viendo a Manuel, hecho hombre, de nuevo persona, condolido por la suerte de tanta plegaria ungida, como estrellas que se arrojan, como alaridos sin cuerda.

Lamento no aportar una crónica más detallada. No quiero hablar de rincones, de gestos, ni de bromas. A veces, o eso sospecho, la magia se acopla, como los bafles de El Trébol, si se sugiere menos de lo que tocas. No quiero decir lo que pienso ni relatar lo que vimos. Arderían naves y botellas, cómo los navíos que pierden su grupa y se adueñan del mapa. Así nos quedamos, como bendición final, en la despedida del día, envueltos en los sueños sin cumplir que nos hacen ver, después de todo, que estamos vivos. Porque sabemos caer.

Caigo en la cuenta, al irme del piso, con Manuel en el sofá, con las sábanas separándolo del mundo, envuelto en esa soledad corta, que cohíbe y esparce nuestras entrañas. La soledad es un megáfono de dolencias y nos recuerda que para seguir creyendo hace falta correr y parir, rompernos y amarnos. Pero sobre todo cambiar, después de todo, nuestro modo de luchar. Algunas veces."

FERNANDO FEDRIANI MARTEL
(Novelista, autor de la Primera Novela Histórica sobre el Real Betis Balompié "Menta y Nata")

4 comentarios:

Oski dijo...

Preciosa crónica, siempre me pregunté como serían los viajes en ruta del cantautor, armado con la guitarra y la voz como un juglar medieval...

Nunca estuve en Huelma pero después de leer esto, tengo la sensación de haber vivido ese concierto...

Rodolfo Serrano dijo...

Magnífico viaje, a tenor de la crónica...
Abrazos

MIGUEL ANGEL dijo...

Gracias, una vez más, por incluirnos en la preciosa crónica de un viaje al que tánto me hubiera gustado acompañarte....Pero ya sabes, hermano, amigo,...tenía otro hermano al que no podía dejar solo en su viaje y a mi papito que llevé a su último retiro, así es que a ver si en alguna ocasión, puedo tener la ventura de compartir un viaje tan emocionante como el perdido. Un abrazo, siempre desde un corazón agradecido, aunque en estos días un poco malherido.

Anónimo dijo...

Una crónica para soñar despierta, sin duda. Gracias al autor y a ti, claro, por ponérnosla aquí. Lástima no poder estar en varios sitios a la vez... pero confieso que quienes no pudimos ir más allá de Sevilla disfrutamos de una gran noche en La Estación. Confío en volver a oír pronto tus canciones en directo; todos sabemos la magia que tienen tus conciertos.
Un saludillo desde Huelva!!
Carmen